El crimen de Yudith Nazarena Jerez, la mujer de 36 años asesinada en el paraje La Cañada, en Graneros, Tucumán, sumó un giro clave: su pareja, Pablo Salvador Pitali, tenía un balazo en la cabeza que inicialmente había sido confundido con un golpe y ahora permanece internado en coma inducido.
La nueva evidencia llevó a los investigadores a reconstruir otra posible secuencia de lo ocurrido dentro de la vivienda. La hipótesis que manejan es que Pitali habría asesinado a Jerez, luego se habría disparado en la cabeza y finalmente se habría escondido en una habitación contigua, donde fue encontrado por la Policía. La secuencia todavía debe ser confirmada por las pericias balísticas y el resto de las pruebas incorporadas al expediente.
Yudith fue encontrada muerta el lunes en el dormitorio matrimonial. Según los nuevos datos surgidos de la investigación, presentaba dos impactos de bala en el abdomen, además de traumatismos en la cabeza y el rostro.
Cuando los policías revisaron la vivienda encontraron a Pitali acostado y cubierto en otra habitación. Tenía manchas de sangre en el cuerpo y la ropa. Al momento de ser reducido, según fuentes de la investigación, habría realizado una manifestación espontánea en la que se atribuyó lo ocurrido.
En un primer momento, los investigadores no habían advertido que el hombre también tenía una herida de arma de fuego. La lesión estaba disimulada y había sido interpretada inicialmente como un golpe.
Durante las tareas periciales posteriores, integrantes del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF) detectaron que se trataba de un disparo en la zona de la sien. Pitali fue trasladado primero a un hospital de Alberdi y luego derivado al Hospital Ángel C. Padilla, en San Miguel de Tucumán.
Una tomografía confirmó que tenía un proyectil alojado en el cráneo. Fue operado para extraerlo y su estado se agravó posteriormente: permanece en coma inducido y con asistencia respiratoria mecánica. Mientras tanto, los peritos continuaron trabajando en la escena del crimen. Allí secuestraron dos vainas servidas y una pistola calibre .22 que presentaba manchas de sangre.
Ahora será clave determinar si esa arma fue utilizada para matar a Jerez y si también fue la que provocó la herida en la cabeza de Pitali. El proyectil extraído durante la cirugía será sometido a un cotejo balístico.
La situación procesal del principal sospechoso también cambió. Como su estado de salud impide realizar por ahora la audiencia de imputación, la Fiscalía de Homicidios del Centro Judicial de Concepción solicitó convertir la aprehensión en una detención formal para mantenerlo bajo custodia mientras permanece internado.
La Fiscalía, a cargo de manera subrogante de Carlos Sale, espera además que la evolución médica de Pitali permita avanzar con la imputación por femicidio.
Jerez y Pitali llevaban alrededor de 15 años en pareja y tenían una hija de 10 años. La niña se encontraba en la escuela cuando ocurrió el crimen y quedó posteriormente al cuidado de familiares.
La investigación continúa ahora con peritajes balísticos, análisis de la escena y declaraciones de familiares y allegados para reconstruir qué ocurrió dentro de la vivienda y confirmar o descartar la hipótesis de que el acusado intentó quitarse la vida después de matar a su pareja.
