“En ningún momento de la noche tuvo criterio para traslado”. Así explicó Aníbal Lotocki ante el tribunal por qué Christian Zárate permaneció internado en la clínica después de la cirugía que terminó con su muerte. El médico sostuvo además que el paciente “nunca estuvo solo ni librado al azar” y que recibió los cuidados necesarios.
Lotocki declaró ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°17, que lo juzga por el homicidio simple con dolo eventual de Zárate, quien murió en abril de 2021 después de someterse a una dermolipectomía y una liposucción en el Centro Médico Conde, en Caballito.
Durante su indagatoria, el médico sostuvo que Zárate se había presentado como un “paciente sano” y que los estudios previos no habían mostrado contraindicaciones para la intervención. También defendió la decisión de realizar las dos operaciones y cuestionó las conclusiones del Cuerpo Médico Forense sobre la práctica quirúrgica.
Según su relato, después de la primera intervención el paciente tuvo dificultades para despertarse, se encontraba desorientado y había perdido líquido por el drenaje. Por ese motivo decidió volver a llevarlo al quirófano. Aseguró que allí no encontraron heridas ni hemorragias y que decidieron cerrar nuevamente.
Lotocki sostuvo que Zárate quedó internado durante la noche para facilitar su control y que sus signos vitales permanecieron estables. Sin embargo, durante la mañana del 16 de abril comenzó a presentar taquicardia y alteraciones en la frecuencia respiratoria. Más tarde, según el médico, una terapista recomendó su traslado porque estaba agitado, hiperventilando e hipotenso.
El médico afirmó que se pidió una ambulancia y que el paciente fue intubado mientras esperaban el traslado. Según su versión, el primer móvil de emergencias no contaba con respirador y fue necesario solicitar una segunda ambulancia. Durante esa espera, Zárate sufrió un paro cardíaco y murió después de los intentos de reanimación.
Para explicar el desenlace, Lotocki sostuvo que los estudios realizados después de la autopsia habían detectado una cardiopatía y una cirrosis hepática que, según afirmó, incrementaban el riesgo durante una operación.
Su declaración se produjo después de que, la semana pasada, ocho peritos que intervinieron en la investigación cuestionaran distintos aspectos de la atención recibida por Zárate. Según esos especialistas, el deterioro del paciente fue progresivo y los controles debieron ser más estrictos.
En la misma jornada también declararon el anestesiólogo Santiago Luis Olguín, imputado por el homicidio, y la instrumentadora quirúrgica Florencia Marina Krzeczek, acusada de encubrimiento agravado por haber ocultado el teléfono de Lotocki.
El juicio continuará el 7 de octubre, cuando comenzarán a tratarse los casos de lesiones gravísimas denunciadas por cinco mujeres que fueron atendidas por el médico.
